El crecimiento económico de una región rara vez ocurre por casualidad. Aunque la ubicación geográfica, los recursos naturales o el tamaño del mercado pueden ofrecer ventajas iniciales, el desarrollo sostenido suele ser consecuencia de decisiones estratégicas tomadas durante años. Para Daniel Esquenazi Beraha, la competitividad regional depende de la capacidad para construir un entorno que favorezca la inversión, la innovación y el desarrollo del talento.
Cuando gobiernos, empresas e instituciones educativas trabajan con objetivos compartidos, es posible generar condiciones que permitan atraer nuevos proyectos productivos y fortalecer la economía local de manera constante.
Uno de los elementos que mayor influencia tiene sobre la competitividad es la infraestructura. Carreteras, puertos, aeropuertos, sistemas ferroviarios, redes digitales y servicios públicos eficientes facilitan la movilidad de mercancías, reducen costos logísticos y mejoran la productividad de las empresas.
Sin embargo, Daniel Esquenazi Beraha considera que estas inversiones deben complementarse con una estrategia sólida de formación de capital humano. Las regiones que fortalecen la educación técnica, impulsan la investigación y mantienen una relación estrecha entre universidades e industria suelen responder con mayor rapidez a los cambios del mercado laboral.
«Ninguna región crece únicamente por su ubicación geográfica. Lo que realmente genera competitividad es la capacidad para construir un entorno que facilite la inversión y el desarrollo de las personas», afirma Daniel Esquenazi Beraha.
A ello se suma la innovación, entendida como la capacidad para incorporar nuevas tecnologías, desarrollar modelos de negocio más eficientes y promover el emprendimiento como fuente de crecimiento económico.
Así como existen factores que fortalecen la economía, también hay condiciones que limitan su desarrollo. La incertidumbre regulatoria, la corrupción, la inseguridad y la falta de planeación reducen la confianza de quienes buscan invertir en una región.
Daniel Esquenazi Beraha señala que la estabilidad institucional representa un activo tan importante como la infraestructura física. Cuando existen reglas claras, instituciones confiables y una visión de largo plazo, las empresas encuentran un entorno más favorable para establecerse y expandir sus operaciones.
Diversos polos de desarrollo alrededor del mundo muestran que la competitividad no depende exclusivamente de incentivos económicos. La coordinación entre el sector público, la iniciativa privada y la academia permite construir ecosistemas capaces de generar innovación, atraer inversiones y mejorar la calidad de vida de la población.
Para Daniel Esquenazi Beraha, el crecimiento económico sostenible requiere una estrategia integral donde infraestructura, educación, innovación y certeza jurídica avancen de manera coordinada para crear oportunidades que permanezcan durante décadas.
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