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¿Qué tienen que ver los sensores, la Inteligencia Artificial (IA) y unos motores capaces de optimizar su funcionamiento con los alimentos que llegarán a nuestra mesa? Mucho.
Para Jack Landsmanas la industria alimentaria está entrando en una etapa en la que la tecnología permitirá observar, anticipar y ajustar los procesos de producción con una precisión cada vez mayor.
El cambio no consiste simplemente en colocar robots dentro de una fábrica.
La transformación apunta hacia sistemas conectados capaces de intercambiar información y utilizarla para mejorar la calidad, la seguridad y el aprovechamiento de los recursos.
Uno de los grandes cambios estará en pasar de reaccionar ante los problemas a prevenirlos.
Entre las tecnologías y tendencias que podrían adquirir mayor protagonismo rumbo a 2030, según el también empresario, se encuentran:
La respuesta también está en los recursos: toda vez que, de acuerdo con estimaciones de Corporativo Kosmos y refreidas por Jack Landsmanas, la combinación de IA y automatización podría representar 127 mil millones de dólares anuales para la industria alimentaria mundial hacia 2030.
La cifra permite dimensionar un cambio que va más allá de la productividad; además, analizar datos en tiempo real puede ayudar a reducir pérdidas, detectar desviaciones y tomar decisiones con mayor rapidez.
La energía también forma parte de esta ecuación; motores inteligentes y sistemas automatizados pueden reducir entre 20 y 30% el consumo eléctrico, lo que vincula directamente la innovación tecnológica con los objetivos de eficiencia y sostenibilidad.
La digitalización puede tener otro efecto importante; hacer más eficiente el uso de los recursos.
Cuando una empresa conoce con mayor precisión qué ocurre en sus procesos, puede ajustar el consumo de materias primas, disminuir desperdicios alimentarios y optimizar el uso de energía.
Por ello, tal como lo refiere el CEO de Corporativo Kosmos, la automatización comienza a relacionarse no solo con indicadores de productividad, sino también con metas ambientales.
Para Jack Landsmanas, el verdadero potencial de la transformación digital está en integrar todas estas herramientas dentro de ecosistemas inteligentes.
Maquinaria, sensores, plataformas digitales y analítica avanzada pueden trabajar de manera coordinada para fortalecer la inocuidad, trazabilidad y resiliencia de la cadena alimentaria.
Así, el desafío hacia 2030 no será únicamente producir más, sino hacerlo con mayor precisión y capacidad de adaptación.
En ese escenario, la tecnología puede convertirse en uno de los principales aliados para conseguir alimentos más seguros y procesos capaces de responder a un mundo que cambia cada vez más rápido.
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