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La inteligencia artificial no solo está transformando la tecnología y el trabajo, también podría estar cambiando la manera en que percibimos nuestras propias decisiones. Un estudio reciente sugiere que cuando realizamos tareas junto a un agente virtual, nuestra sensación de control sobre lo que sucede puede modificarse sin que nos demos cuenta.
La investigación, publicada en la revista Consciousness and Cognition, analizó qué ocurre en la mente humana cuando una persona comparte una tarea con un sistema digital capaz de intervenir. Los resultados revelaron un fenómeno curioso: a nivel consciente, las personas sienten que tienen menos responsabilidad sobre el resultado. Pero, al mismo tiempo, su cerebro parece vigilar con más atención sus propias acciones.
Este hallazgo resulta especialmente relevante en una época en la que cada vez más personas trabajan o interactúan con sistemas basados en inteligencia artificial, asistentes virtuales o algoritmos que ayudan a tomar decisiones.
Para entender este fenómeno, los investigadores se inspiraron en un concepto clásico de la psicología social conocido como efecto espectador. Este principio indica que cuando varias personas presencian una situación que requiere actuar, cada individuo suele sentirse menos responsable porque la responsabilidad se reparte entre todos.
Los científicos quisieron comprobar si algo similar ocurre cuando el “compañero” no es humano, sino un agente virtual.
En los experimentos, los participantes debían detener el crecimiento de una figura en una pantalla presionando una tecla antes de que alcanzara un límite peligroso. En algunas ocasiones realizaban la tarea solos, y en otras la compartían con un agente virtual llamado Bobby, representado por una cara digital que podía intervenir si la figura crecía demasiado.
Después de cada intento, los participantes evaluaban cuánto control sentían haber tenido. El resultado fue claro: cuando el agente virtual podía actuar, las personas reportaban sentir menos control sobre el resultado que cuando trabajaban solas.
Sin embargo, la parte más sorprendente apareció cuando los investigadores analizaron una medida psicológica llamada ligamiento temporal, que indica cuánto sentimos que una acción y su consecuencia están conectadas.
Curiosamente, cuando el agente de inteligencia artificial podía intervenir, los participantes percibían el tiempo entre su acción y el resultado como más corto. Esto sugiere que, de forma inconsciente, el cerebro refuerza la sensación de agencia propia, como si intentara distinguir con mayor claridad qué acciones pertenecen a la persona y cuáles podrían ser realizadas por la máquina.
El estudio también comprobó que este efecto desaparece si el agente virtual solo observa y no tiene capacidad de actuar. Es decir, la mente humana reacciona no solo a la presencia de un avatar, sino a la posibilidad real de que intervenga.
Los investigadores concluyen que convivir con sistemas de inteligencia artificial no solo cambia la forma en que trabajamos, sino también cómo experimentamos el control, la responsabilidad y nuestras propias decisiones.
Con información de Muy Interesante.
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