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El origen del ribosoma podría ser mucho más extraño de lo que se pensaba, ya que una nueva hipótesis científica plantea que esta estructura esencial para la vida no nació como aliada de las primeras células, sino como un parásito molecular que terminó integrándose en ellas.
La propuesta fue publicada en la revista PNAS Nexus y está firmada por los investigadores Michael Lynch y Andrew Ellington.
Su planteamiento desafía la visión tradicional del ribosoma como una herramienta cooperativa desde sus inicios y sugiere que su antepasado, un “protoribosoma”, habría comenzado explotando a protocélulas primitivas.
Para entender esta idea hay que retroceder más de 3.500 millones de años, a una etapa en la que la vida dependía casi exclusivamente del ARN. Según la teoría del “mundo de ARN”, estas moléculas podían almacenar información genética y catalizar reacciones químicas sin necesidad de proteínas.
El ribosoma actual conserva en su núcleo catalítico un corazón de ARN, lo que se interpreta como una huella de ese pasado.
Sin embargo, su complejidad moderna plantea un problema: resulta poco probable que un sistema tan sofisticado surgiera de forma repentina en organismos con genomas pequeños y altas tasas de error en la replicación.
La nueva hipótesis propone que el protoribosoma no fue una innovación beneficiosa desde el inicio, sino una molécula capaz de formar enlaces peptídicos simples que aprovechaba los recursos de protocélulas vulnerables. Los péptidos producidos no eran proteínas complejas, sino fragmentos pequeños con propiedades químicas básicas que podían estabilizar otras moléculas o interactuar con membranas.
El punto clave del modelo es que ese invasor molecular habría terminado perdiendo su independencia.
Con el tiempo, la protocélula comenzó a depender de los péptidos producidos por el protoribosoma, mientras que este dejó de poder replicarse sin la maquinaria celular. Lo que empezó como un conflicto evolucionó hacia una simbiosis obligada.
Este tipo de transición no es inédito en biología.
Existen precedentes de estructuras celulares que surgieron a partir de organismos independientes que terminaron integrándose en las células.
La hipótesis sugiere que el ribosoma podría ser otro ejemplo de esta dinámica evolutiva.
Según los autores, este enfoque permite explicar cómo surgió la traducción genética sin exigir que apareciera de golpe un sistema altamente preciso. Pequeñas mejoras graduales, favorecidas por la selección natural, habrían refinado la fidelidad del proceso y permitido la expansión del repertorio proteico.
Aunque la propuesta no pretende ofrecer una respuesta definitiva, sí amplía el debate sobre el origen de la vida.
Si el ribosoma nació como un parásito molecular, la historia biológica no sería solo la de la cooperación, sino también la de invasiones y alianzas inesperadas que terminaron dando forma a todo lo que hoy consideramos vivo.
Con información de Muy Interesante.
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