La expansión de la inteligencia artificial generativa ya no solo despierta curiosidad tecnológica: también enciende alertas en el mundo cultural.
Un informe reciente de la UNESCO advierte que músicos, cineastas, escritores y otros artistas podrían perder hasta un 24% de sus ingresos en los próximos años debido al crecimiento del contenido creado por máquinas.
El estudio Re|Shaping Policies for Creativity, presentado en París, analiza la situación de las industrias culturales en más de 120 países y dibuja un escenario preocupante para la creación humana.
Inteligencia artificial generativa: contenido masivo y competencia directa
El informe señala que cada día se suben más de 50 mil canciones generadas totalmente por IA a plataformas como Deezer.
Muchas de ellas imitan estilos de obras existentes y, en numerosos casos, los oyentes no logran distinguir si fueron hechas por personas o por algoritmos.
Estos productos son descritos como “contenidos sintéticos”: creaciones hechas casi sin intervención humana que replican estilos protegidos por derechos de autor.
El fenómeno podría provocar un “colapso del modelo”, ya que la IA empezaría a alimentarse de su propio contenido, reduciendo la calidad y fiabilidad de futuras producciones.
El golpe económico y la desigualdad cultural
El impacto no es solo creativo, sino financiero.
Para 2028, la inteligencia artificial generativa podría provocar una caída del 24% en los ingresos del sector musical y del 21% en el audiovisual. Las máquinas, entrenadas con obras humanas, comienzan a competir con los propios creadores.
Mientras tanto, el mercado cultural global sigue creciendo: el comercio de bienes culturales se duplicó entre 2018 y 2023, alcanzando 254 mil millones de dólares.
Sin embargo, ese crecimiento no beneficia a todos por igual.
Los países en desarrollo apenas superan el 20% del comercio global de servicios culturales, y el financiamiento público para la cultura continúa por debajo del 0.6% del PIB mundial.
A esto se suma la brecha digital: mientras el 67% de la población en países desarrollados tiene habilidades digitales básicas, en los países en desarrollo solo el 28% cuenta con ellas. El dominio de unas pocas plataformas de streaming y sus algoritmos de recomendación también reduce la visibilidad de artistas independientes o de regiones periféricas.
El informe concluye que es urgente establecer políticas públicas y marcos de regulación que protejan los derechos de autor, impulsen la innovación y garanticen que la cultura digital crezca de forma ética y sostenible.
Con información de Naciones Unidas.














