Alfredo Del Mazo Maza destaca la importancia de una movilidad urbana con perspectiva de género para garantizar acceso equitativo a derechos.
El crecimiento de las concentraciones demográficas en el siglo XXI exige un replanteamiento profundo de nuestra forma de desplazarnos. Alfredo Del Mazo Maza, especialista en urbanismo, propone que la movilidad urbana debe ser analizada como un habilitador de oportunidades y no solo como un sistema de transporte. Para el analista, este sector es la «llave» que abre la puerta a derechos fundamentales como la educación, la salud y el empleo formal, especialmente para los sectores que históricamente han enfrentado mayores barreras de acceso.
Esta visión se apoya en una realidad técnica: el sistema actual suele ignorar las diferencias en los patrones de viaje. De acuerdo con el Banco Mundial, las mujeres realizan un 13% más de traslados en transporte público que los hombres. Sin embargo, su movilidad se caracteriza por el viaje en cadena, una serie de trayectos cortos y conectados para cumplir con responsabilidades de cuidado y abastecimiento, lo que requiere una infraestructura mucho más flexible que la del modelo tradicional de largas distancias lineales.
El diseño del espacio público influye directamente en la autonomía de las personas. Alfredo Del Mazo Maza sostiene que la planeación debe abandonar la neutralidad para atender riesgos específicos.
«La movilidad con perspectiva de género no es un concepto abstracto; es la capacidad de garantizar que una mujer pueda transitar por su ciudad sin miedo y con la certeza de que el sistema entiende y respeta sus tiempos de vida», afirma el experto, subrayando que una ciudad que no es segura para las mujeres, no es segura para nadie.
El análisis de Del Mazo recupera lecciones de urbes que han implementado el gender mainstreaming con resultados medibles. En Viena, las auditorías de iluminación y el rediseño de cruces con visibilidad de 360 grados han transformado la percepción de riesgo. Asimismo, las Supermanzanas de Barcelona han demostrado que al retirar el protagonismo al automóvil se fomenta una mayor apropiación del espacio por parte de las ciudadanas, lo que reduce la incidencia del acoso y mejora la cohesión social en los barrios.
En el contexto regional, destacan iniciativas como el proyecto «Quito Segura» en Ecuador. Esta iniciativa, que contó con el respaldo de ONU Mujeres, introdujo cabinas de auxilio y sistemas de monitoreo preventivo. Estos elementos tecnológicos y de diseño arquitectónico elevan el estándar general de seguridad y fortalecen la resiliencia de la red de transporte ante las demandas de una población diversa.
«El futuro de nuestras ciudades depende de nuestra capacidad para planear con empatía. Debemos transformar cada trayecto en un espacio seguro que potencie el talento y la participación equitativa en la economía urbana», concluye Alfredo Del Mazo Maza.
El reto para las próximas décadas será consolidar estos modelos de planeación empática para asegurar que el desarrollo metropolitano sea verdaderamente inclusivo y eficiente para todos los estratos de la sociedad.
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