El dinero de Bill Gates ya no está yendo a empresas multimillonarias, sino a startups con ideas capaces de redefinir la tecnología del futuro. Una de ellas es Neurophos, una joven compañía que ha logrado llamar la atención del fundador de Microsoft gracias a una propuesta ambiciosa: crear chips que calculan con luz para tareas de inteligencia artificial.
Neurophos trabaja con fotónica, una tecnología que sustituye parte del cálculo electrónico tradicional por señales luminosas.
Esto no solo reduce el consumo de energía, también disminuye el calor generado, uno de los grandes problemas actuales de los sistemas de IA.
Chips ópticos y el salto tecnológico de Neurophos
La clave del proyecto está en sus chips ópticos, basados en transistores ópticos que, según la empresa, son hasta 10.000 veces más pequeños que los componentes fotónicos habituales. Gracias a ese tamaño diminuto, es posible integrar miles de chips sin necesidad de reinventar las fábricas existentes, algo crucial en un sector donde cada milímetro marca una gran diferencia.
Esta tecnología permite realizar operaciones complejas, como la multiplicación de matrices de 1.000 x 1.000, fundamentales para la inteligencia artificial. Dicho de forma sencilla, al hacer que los datos “viajen” como luz, parte del cálculo se vuelve más rápido y eficiente, especialmente en tareas repetitivas y pesadas que hoy exigen mucho hardware y energía.
El futuro de los chips
El enfoque de Neurophos convenció a los inversores: la startup logró recaudar 93 millones de euros para acelerar su desarrollo.
La cifra refleja el interés creciente por alternativas al silicio tradicional, que empieza a mostrar límites físicos y de eficiencia.
Sin embargo, no todo está resuelto. Convertir señales electrónicas en ópticas, mantener la precisión de los cálculos y desarrollar software fácil de usar siguen siendo retos importantes que han frenado proyectos similares en el pasado.
Aun así, si la tecnología logra consolidarse, podría abaratar funciones de inteligencia artificial de uso cotidiano, como el reescalado de imágenes o los asistentes locales, sin necesidad de una GPU enorme ni de equipos con problemas de temperatura. Por ahora, en 2026, el proyecto sigue más cerca del laboratorio que del mercado, pero el respaldo de Bill Gates y el interés de los inversores hacen que valga la pena seguir de cerca su evolución.