¿Casas hechas de hongos? El material vivo que busca cambiar la construcción

Paneles de biomaterial elaborados con micelio y fibras vegetales, con textura orgánica y un entorno de laboratorio moderno.
¿Casas hechas de hongos? El material vivo que busca cambiar la construcción

¿Qué pasaría si algunos de los materiales que utilizamos para construir viviendas pudieran crecer en lugar de fabricarse mediante procesos industriales convencionales? Esa posibilidad ya forma parte de las investigaciones sobre biomateriales.

El protagonista es el micelio, una red de filamentos microscópicos que permite a los hongos extenderse y absorber nutrientes. Cuando crece sobre residuos vegetales, puede unir sus partículas y formar estructuras sólidas que posteriormente se secan y se moldean para distintos usos.

De los residuos agrícolas a los materiales de construcción

El proceso comienza con residuos orgánicos, como fibras vegetales, aserrín o subproductos de la madera. Estos funcionan como base para que el micelio crezca y forme una estructura compacta.

Una vez que el material alcanza la forma deseada, se detiene su crecimiento mediante un proceso de secado. El resultado puede utilizarse para fabricar paneles, empaques y materiales de aislamiento térmico o acústico.

Una revisión científica publicada en 2026 en la revista Energy and Built Environment analiza el potencial de estos compuestos para reducir el impacto ambiental de la construcción. También señala que su producción puede aprovechar materias primas renovables y residuos que, de otro modo, terminarían desechados.

¿Podrían sustituir al concreto?

No por completo, al menos con la tecnología disponible actualmente. Los materiales elaborados con micelio presentan limitaciones de resistencia mecánica, durabilidad y sensibilidad a la humedad.

Por esa razón, las aplicaciones más prometedoras se concentran en productos que no necesitan soportar grandes cargas, como aislantes y paneles interiores. Los investigadores trabajan en mejorar sus propiedades mediante recubrimientos, combinaciones con otros materiales y procesos de fabricación más controlados.

El reto consiste en conseguir que estos compuestos sean resistentes, seguros, económicos y capaces de mantener sus propiedades durante años.

La fabricación del futuro podría comenzar en un laboratorio

La investigación sobre micelio demuestra que los hongos no solo tienen un papel en los ecosistemas: también pueden convertirse en una herramienta para desarrollar nuevos materiales.

Si los procesos de producción consiguen escalarse, parte de los residuos agrícolas e industriales podría transformarse en productos útiles para la construcción y el diseño, con opciones de aprovechamiento al final de su vida útil.

No se trata de imaginar ciudades construidas enteramente con hongos, sino de explorar cómo la biología puede complementar a la ingeniería para fabricar materiales con menos recursos y nuevas posibilidades de reciclaje.

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