imagen tomada de scientificamerican.com
La historia humana siempre ha estado ligada a los materiales que logra dominar. Hoy vivimos en la llamada Edad del Silicio, pero esa etapa podría estar llegando a su fin. Para Omar Yaghi, Premio Nobel de Química 2025, el siguiente gran salto vendrá de unos diminutos polvos cristalinos con propiedades extraordinarias: los MOF.
El científico, profesor de la Universidad de California en Berkeley y referente de la química reticular, asegura que estos materiales tienen el potencial de definir el próximo siglo, al permitirnos controlar la materia a un nivel nunca antes visto.
Las Estructuras Metal-Orgánicas, conocidas como MOF, destacan por su porosidad extrema. Para dimensionarlo, Yaghi explica que apenas unos gramos de MOF-5 pueden tener una superficie interna equivalente a la de un campo de fútbol. Esta característica los convierte en auténticas “superesponjas” moleculares, capaces de atrapar sustancias específicas como agua o dióxido de carbono.
Aunque en sus inicios, en la década de los 90, el desarrollo de estos materiales era un reto puramente intelectual, hoy se perfilan como una solución concreta a problemas globales. Entre sus aplicaciones más impactantes está la recolección de agua del aire, incluso en regiones extremadamente secas. Según Yaghi, estos materiales pueden captar miles de litros diarios y convertirse en una tecnología cotidiana en menos de una década.
Otra de las grandes promesas de esta tecnología es la captura de carbono. A través de su empresa Atoco, Yaghi impulsa el uso de un nuevo material llamado COF-999, diseñado para atrapar CO₂ de forma eficiente y reutilizable. A diferencia de otros métodos industriales, este sistema permite liberar el carbono utilizando calor residual o energía solar, sin perder eficacia tras decenas de ciclos.
Los MOF también podrían destrabar la economía del hidrógeno, ya que permiten almacenar este gas de manera segura y a bajas presiones, facilitando el transporte de energías limpias. Además, su versatilidad ha despertado interés en la biomedicina, donde se estudia su uso como vehículos para liberar medicamentos de forma controlada dentro del cuerpo humano.
En cuanto a la sostenibilidad, Yaghi subraya que estos materiales pueden diseñarse para desmontarse al final de su vida útil, evitando problemas ambientales futuros. Incluso el desarrollo de nuevos compuestos se ha acelerado gracias al uso de inteligencia artificial, que ha duplicado la velocidad de creación en su laboratorio.
La posibilidad de programar la materia átomo por átomo abre un nuevo paradigma científico. Capturar carbono, generar agua del aire o almacenar energía limpia ya no suena a ciencia ficción. Si el siglo XX fue del silicio, todo indica que el futuro podría pertenecer a la química reticular.
Con información de Adslzone.
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