Ernesto Mizrahi destaca espacios públicos diseñados con estímulos sensoriales
México se ha urbanizado con rapidez, pero no necesariamente con bienestar. Según cifras del INEGI, 3 de cada 4 mexicanos sienten estrés derivado de su entorno urbano. Esta realidad, agravada por la pandemia, ha hecho visible una necesidad urgente: construir ciudades que sanen en vez de enfermar.
Aquí es donde el trabajo de Ernesto Mizrahi, arquitecto enfocado en sostenibilidad y bienestar, cobra relevancia. Él propone que el diseño urbano evolucione para integrar estímulos positivos al entorno y así reducir la carga emocional que millones de personas experimentan cada día.
La neuroarquitectura ha revolucionado la forma en que entendemos el impacto del entorno construido. Al combinar principios de la neurociencia con la arquitectura, esta disciplina permite crear ambientes que inciden positivamente en el cerebro humano, reduciendo el estrés y estimulando el bienestar.
“Un espacio puede enfermar, pero también puede curar. Lo que necesitamos es empezar a diseñar con esa conciencia”, sostiene Ernesto Mizrahi.
Estudios recientes han mostrado que los espacios verdes urbanos tienen un profundo impacto en la salud emocional. Según una investigación publicada en Frontiers in Psychology, las personas con acceso diario a vegetación tienen un 20% menos niveles de estrés.
En esa línea, Ernesto Mizrahi enfatiza que los parques, jardines y corredores verdes deben ser entendidos como infraestructura emocional. Su diseño puede potenciar neurotransmisores como la serotonina y reducir el cortisol, con efectos directos en la calidad de vida.
Ejemplos como el proyecto Gran Canal en CDMX o las estrategias de Portland muestran que un urbanismo centrado en el bienestar no solo es posible, sino necesario. La implementación de paisajes sensoriales, materiales nobles y zonas de descanso bajo sombra natural genera beneficios medibles en salud pública.
Ernesto Mizrahi destaca que “la diferencia entre una ciudad hostil y una ciudad sanadora puede estar en decisiones de diseño aparentemente pequeñas, como elegir un material, orientar una ventana o ubicar un árbol”.
El especialista considera que el país está en un punto de inflexión. Con la presión que dejó la pandemia y el reconocimiento del estrés como problema de salud pública, México tiene la oportunidad de convertirse en líder regional en neuroarquitectura y diseño sensorial.
“No se trata solo de estética ni de sustentabilidad, se trata de crear espacios que nos devuelvan la calma, la empatía y el sentido de comunidad”, concluye Mizrahi.
Iniciativas que integren esta visión —como parques urbanos multisensoriales, corredores peatonales con vegetación y mobiliario emocionalmente inteligente— podrían ser la clave para enfrentar los desafíos mentales del siglo XXI.
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