Los gatos han sido durante siglos protagonistas de una creencia curiosa: la idea de que pueden anticipar el tiempo antes de que cambie.
Rascar la alfombra, acicalarse más de lo normal o dormir con las patas escondidas son señales que muchas personas asocian con la llegada de lluvia o frío.
Incluso, un artículo publicado en 1992 sugería que cuando un gato comía hierba, podía ser señal de tormenta cercana.
Pero más allá del folclore, la ciencia ha comenzado a encontrar posibles explicaciones detrás de estos comportamientos.
¿Qué dice la ciencia?
Diversos estudios apuntan a que los gatos sí pueden percibir cambios en su entorno antes que los humanos.
Una de las claves está en la presión atmosférica. Al igual que las personas, los gatos son sensibles a sus variaciones, lo que podría hacer que reaccionen antes de que el clima cambie.
A esto se suma su agudo oído. Los felinos pueden detectar frecuencias muy altas, lo que les permite percibir truenos o sonidos lejanos antes de que sean evidentes para nosotros. También cuentan con un olfato desarrollado que podría captar el característico aroma de la lluvia, conocido como petrichor.
Gatos y su comportamiento ante la lluvia
El cuerpo de los gatos también juega un papel importante. Su pelaje es sensible a la humedad, lo que podría ayudarles a notar cambios en el ambiente, similar a cómo el cabello humano reacciona al clima.
Estudios más recientes, como uno publicado en 2025, muestran que factores como la temperatura, el viento y la humedad influyen directamente en su comportamiento. Por ejemplo, con más calor o viento, los gatos tienden a descansar o comer más, mientras que disminuyen actividades como el acicalamiento.
Otro estudio encontró que durante la lluvia los gatos se acicalan y rascan menos, y en tormentas pueden mostrarse nerviosos o inquietos.
Aun así, no hay evidencia definitiva de que puedan “predecir” el clima como tal. Lo que sí parece claro es que su sensibilidad les permite reaccionar antes que nosotros.
Así que la próxima vez que tu gato actúe raro… quizá no esté adivinando el futuro, pero sí percibiendo algo que tú aún no notas.