imagen tomada de datascientest.com
Los mercados viven un momento histórico: las acciones de empresas ligadas a la inteligencia artificial están creciendo a un ritmo tan acelerado que muchos inversores ya hablan de una burbuja de inteligencia artificial.
Y aunque los auges económicos no son nuevos, cuando el valor de un activo se infla demasiado rápido, la historia nos dice que el final nunca es suave.
Para entenderlo, basta ver los números:
Nvidia, líder en chips para IA, multiplicó su valor por 13 desde 2023.
Microsoft duplicó su precio.
Alphabet (Google) lo triplicó.
El índice S&P 500, en comparación, solo creció 1.8 veces.
La diferencia es tan grande que muchos inversionistas creen que los precios ya están muy por encima del valor real de estas empresas.
El precio de una acción tiene dos partes:
El valor fundamental, basado en los beneficios que generará en el futuro.
El valor inflado, que es pura expectativa.
Y la clave está en esa expectativa.
Hoy, los inversionistas optimistas creen que la IA transformará el mundo y generará ganancias casi ilimitadas.
Los pesimistas, por el contrario, piensan que se está exagerando.
Y luego están los inversores “sofisticados”, que saben que podría ser una burbuja… pero siguen comprando para aprovechar el impulso antes de que todo caiga.
Todo esto ocurre en un contexto de escasez de activos seguros, entusiasmo tecnológico, tasas de interés bajas y enormes flujos de dinero hacia las grandes empresas. Una receta perfecta para inflar precios demasiado rápido.
1. El escenario bueno: no era burbuja, era impulso tecnológico
Pasó con el internet. Aunque hubo proyectos fallidos, el boom permitió financiar a empresas como Google.
Con la IA podría pasar lo mismo: una ola de inversión que acelere innovaciones útiles y productivas.
Para que este escenario ocurra, será clave que los gobiernos regulen bien y fomenten la adopción responsable de la tecnología.
2. El escenario malo: una caída suave
En algún punto, el mercado podría corregir los precios y reconocer que muchas empresas están sobrevaloradas.
¿El resultado?
Una recesión breve y manejable, parecida a la del 2001 después de la burbuja puntocom.
Pero ojo: hoy hay más hogares invertidos en bolsa que hace 20 años, lo que podría aumentar el impacto.
3. El feo: un colapso profundo
Este es el escenario menos probable, pero no imposible. Sería parecido a lo que pasó en 2008, aunque con un matiz positivo:
La IA no es el mercado inmobiliario, así que el daño no tendría por qué ser tan devastador.
Aun así, hay señales preocupantes:
Según Bank of America, muchas grandes tecnológicas están financiando sus centros de datos con deuda, incluso para cubrir una demanda que aún no existe.
Si esas empresas fallan en pagar sus créditos, podrían generar ondas expansivas en el sistema financiero.
Puede ser. Pero como toda historia económica, su final dependerá de cómo reaccionen los mercados, los gobiernos y las propias empresas.
Lo único seguro es que la innovación seguirá avanzando… y que los inversionistas, por ahora, siguen “bailando mientras la música suena”.
Con información de El Economista.
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