imagen tomada de bioeconomia.info
Las microalgas para biodiésel podrían convertirse en una alternativa clave para la transición energética gracias a un nuevo método patentado por científicos mexicanos.
Investigadores del Cicese desarrollaron un sistema innovador para cultivar microalgas destinadas a la producción de biocombustible. Este avance surge en un contexto global donde la búsqueda de energías limpias es cada vez más urgente.
De acuerdo con la investigadora Pilar Sánchez Saavedra, las microalgas representan una opción prometedora porque permiten generar energía sin afectar la producción de alimentos ni el equilibrio ambiental. La información fue compartida en entrevista con La Jornada.
El sistema combina un concentrador de luz solar con un dispositivo especial donde crecen las microalgas. Esto permite controlar las condiciones del cultivo y mejorar su rendimiento.
Para probar su eficacia, los científicos utilizaron una especie de agua dulce conocida por su resistencia y capacidad para producir compuestos útiles para combustibles. Con esta tecnología lograron que las algas acumularan más grasas y redujeran ciertos pigmentos, lo que generó una biomasa con mejores propiedades de combustión.
Uno de los principales retos del proyecto fue evitar que el aumento de luz solar elevara la temperatura del agua.
Para solucionarlo, se incorporó un sistema de enfriamiento que mantiene condiciones adecuadas para el crecimiento de los organismos.
Además, las microalgas tienen ventajas importantes frente a otros cultivos energéticos. Son organismos fotosintéticos que capturan dióxido de carbono y liberan oxígeno, y pueden crecer en suelos no aptos para agricultura o incluso en aguas residuales.
A diferencia de biocombustibles producidos con maíz o caña de azúcar, este método no requiere suelos agrícolas ni compite con la producción de alimentos. Esa característica lo vuelve atractivo en términos ambientales y sociales.
Sin embargo, los investigadores reconocen que aún no es un sistema rentable a gran escala. El siguiente paso será optimizar su funcionamiento, mejorar su transferencia tecnológica y analizar cómo distintos colores de luz influyen en el crecimiento de las microalgas.
El equipo también evalúa integrar el sistema de enfriamiento directamente en la superficie del concentrador solar para simplificar la tecnología.
Para los especialistas, este desarrollo demuestra la importancia de combinar disciplinas como la biología y la ingeniería. Solo mediante este tipo de colaboración, señalan, será posible generar soluciones reales frente a los desafíos energéticos y ambientales actuales.
Con información de La Jornada.
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