El mundo perdió a una de las mentes más influyentes y menos conocidas de la ciencia moderna. Gladys Mae West, matemática estadounidense y pieza clave en el desarrollo del Sistema de Posicionamiento Global (GPS), murió a los 95 años el sábado 17 de enero.
Aunque su nombre rara vez apareció en titulares, su trabajo sigue activo cada segundo en millones de dispositivos.
Gracias a sus cálculos, hoy es posible saber con precisión dónde estamos en cualquier punto del planeta, desde un celular hasta los sistemas de emergencia y navegación global.
Gladys West GPS: la mente que hizo posible la ubicación exacta
Gladys West fue una de las arquitectas fundamentales del GPS.
Su mayor reto científico consistió en algo aparentemente simple, pero matemáticamente complejo: definir la forma real de la Tierra.
El planeta no es una esfera perfecta, y esas irregularidades podían provocar errores enormes en la localización.
West desarrolló modelos avanzados del geoide terrestre, incorporando variaciones gravitacionales mínimas pero decisivas. Sin ese trabajo:
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El GPS tendría errores de varios kilómetros
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Su uso civil y militar sería inviable
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La navegación moderna no sería confiable
Gran parte de sus investigaciones se basaron en datos de misiones como Seasat y Geosat, dedicadas a la observación de los océanos mediante altimetría por radar. En 1986 publicó un manual técnico que se convirtió en referencia obligada para la comunidad científica y cuyas metodologías siguen utilizándose hoy.
De la segregación al espacio: una vida de ciencia y resistencia
Nacida en 1930 en Virginia, en el sur segregado de Estados Unidos, Gladys West creció en un entorno donde las oportunidades para las mujeres afroamericanas eran escasas.
Estudiar matemáticas fue, para ella, una forma de resistencia y de cambio.
Se graduó en la Universidad Estatal de Virginia y más tarde ingresó al Naval Surface Warfare Center de Dahlgren, donde trabajó durante décadas en proyectos estratégicos vinculados al espacio durante la Guerra Fría. En una época previa a las computadoras personales, fue una “computadora humana”, capaz de realizar cálculos complejos con precisión extraordinaria.
Cuando llegaron los grandes sistemas de IBM, West fue de las primeras en aprender a programarlos, convirtiéndose en experta en procesamiento de datos satelitales a gran escala.
Durante años, su contribución permaneció en el anonimato debido al carácter clasificado de los proyectos y al sesgo de género y raza de la época.
El reconocimiento llegó tarde: en 2018 fue incorporada al Air Force Space and Missile Pioneers Hall of Fame.
En 2020 publicó sus memorias, It Began with a Dream: This is My Story, donde narró su camino desde una granja en Virginia hasta el corazón de la tecnología espacial.
Según datos oficiales, los modelos del geoide permiten que el GPS civil tenga una precisión de entre uno y cinco metros, exactitud que descansa en gran medida sobre el trabajo de West.
Tras jubilarse, obtuvo un doctorado a los 70 años y solía bromear diciendo que prefería los mapas de papel al conducir.
Hoy, cada punto azul que avanza en una pantalla confirma que el legado de Gladys West sigue guiando al mundo entero.