Después de un vuelo impecable, el New Glenn de Jeff Bezos ya demostró de lo que es capaz.
Sin embargo, lo más importante viene ahora.
El gigante de Blue Origin tuvo un despegue y aterrizaje casi perfectos en su última prueba, pero será 2026 el año que determine si realmente puede competir con los pesos pesados del sector espacial.
El reciente vuelo colocó a New Glenn nuevamente en el centro de la conversación: su primera etapa aterrizó con precisión en el Atlántico y, además, logró enviar hacia Marte las dos sondas ESCAPADE de la NASA.
Tras más de una década de desarrollo, el cohete finalmente mostró la fiabilidad que se esperaba de él. Pero el camino apenas comienza.
Un 2026 lleno de pruebas críticas para New Glenn
En los próximos años, Blue Origin deberá demostrar que puede mantener este rendimiento en misiones mucho más complejas: proyectos lunares, despliegue de satélites y operaciones comerciales de alto nivel.
Al mismo tiempo, la Fuerza Espacial de Estados Unidos decidirá si el cohete obtiene la certificación NSSL, indispensable para transportar cargas estratégicas.
Blue Origin de Jeff Bezos ya tiene sobre la mesa un contrato para unas siete misiones a partir del año fiscal 2026.
Lo que se viene será decisivo: esta serie de hitos definirá si New Glenn puede convertirse en un referente real o si solo fue una promesa brillante.
Jeff Bezos de camino a la Luna: el examen mayor
La siguiente gran misión será el lanzamiento del prototipo Blue Moon Mark 1 (MK1), un módulo de carga capaz de transportar hasta tres toneladas rumbo a la superficie lunar.
Esta nave será clave para probar el sistema que más adelante utilizará el Mark 2, el módulo tripulado de la misión Artemis 5.
El viaje del MK1 no será sencillo. Primero alcanzará la órbita baja terrestre, luego iniciará maniobras que lo enviarán hacia una órbita elíptica y, finalmente, hacia la Luna.
Una vez allí, permanecerá en órbita varios días antes del descenso.
Además, llevará a bordo el instrumento SCALPSS, un conjunto de cámaras que estudiará la interacción entre el motor de la nave y el regolito lunar, información crucial para futuros aterrizajes tripulados.
Si todo sale bien, será un salto enorme para que Bezos se posicione como proveedor clave del programa Artemis.
Misiones comerciales: el otro gran reto
Más allá de la Luna, New Glenn deberá demostrar precisión en el lanzamiento de satélites, un mercado donde solo los cohetes más confiables logran consolidarse.
Uno de los primeros desafíos será la misión Elytra Mission 1 de Firefly Aerospace, diseñada para maniobrar satélites en órbita y probar nuevos sistemas de despliegue.
Allí se medirá la capacidad del cohete para manejar cargas múltiples y operaciones complejas.
Otro momento clave llegará con el primer lanzamiento de la constelación Amazon Leo (antes Project Kuiper).
Amazon planea expandir su red de satélites en 2026, y parte de ese trabajo dependerá de New Glenn.
Las megaconstelaciones requieren un ritmo de lanzamientos constante y exacto; solo los lanzadores más fiables logran sostenerlo.
Con todo esto en marcha, 2026 se perfila como el año que definirá si New Glenn puede dejar de ser el “nuevo” del sector para convertirse en uno de los pilares del acceso al espacio en la próxima década.