La transición energética es un tema que ha llegado al centro del debate político, y está en boga en los medios de comunicación, principalmente en relación con el cambio climático.
Si bien existen diferentes definiciones, en el contexto de la crisis climática el concepto de transición energética suele referirse a la sustitución de combustibles fósiles contaminantes– por fuentes renovables –limpias–.
Dicho de esta forma la solución parece simple: hay que dejar de invertir en el sector de los combustibles fósiles y dirigir todos nuestros esfuerzos hacia la construcción de la infraestructura de aprovechamiento de las fuentes renovables, que además de limpias son inagotables.
Esta explicación supone que el cambio climático es el principal reto que enfrenta nuestra civilización, y que la sustitución de fuentes fósiles por renovables no implica mayores dificultades.
El problema, sin embargo, es mucho más complejo, y no tiene una solución fácil o sencilla.
Estamos viviendo un conjunto de crisis amplio y profundo, que se ha planteado incluso como una crisis civilizatoria. Aunque logremos bajar la concentración de CO2 en la atmósfera, no solucionaremos los graves problemas energéticos, ambientales y sociales que derivan de la sobreexplotación de los recursos.
Con dicha medida tampoco solucionaremos la crisis a la que se enfrentan tanto los ecosistemas del planeta como una parte importante de la población mundial, excluida de los beneficios del progreso tecnológico.
El cambio climático global es en realidad uno de los resultados de la crisis energética, ambiental y social que estamos viviendo. Ésta se manifiesta, por un lado, en el incremento del costo de extracción y del impacto ambiental en la producción de combustibles fósiles, en la contaminación de agua, suelo y aire, en la acelerada extinción de especies, en la deforestación y en la sobreexplotación de los océanos.
Por otro lado, la crisis se ha hecho patente en la desigualdad creciente entre y al interior de los países, así como en la concentración del poder económico y político en un pequeño número de corporaciones globales que controlan la alimentación, las comunicaciones, la minería, el transporte y otros sectores estratégicos de la economía, produciendo conflictos, inseguridad y migraciones masivas. El problema es sistémico, y no puede abordarse si enfocamos un solo aspecto.
Desde la revolución industrial se ha conceptualizado a la transición de la energía en la capacidad de crear portadores de energía (combustibles y electricidad), sin evaluar si será necesario o si estará por arriba de lo necesitado. La evolución tecnológica trajo una mayor diversidad acerca de lo que se debe tomar de la naturaleza.
Desde el punto de vista químico y físico, crea en el mundo una nueva forma de trueques y posteriormente se vuelve una forma de hacer negocios entre países, y coloca como el peso preponderante a los hidrocarburos, que continuarán por unas tres a cinco décadas más.














