imagen tomada de elcronista.co
La salud auditiva enfrenta hoy un desafío creciente a nivel mundial debido al uso inadecuado de auriculares y a la constante exposición al ruido en las ciudades. El volumen elevado en dispositivos personales y la contaminación sonora ambiental están dejando a millones de personas en riesgo de sufrir daños que, en muchos casos, son irreversibles.
Cada 3 de marzo se conmemora el Día Mundial de la Audición, impulsado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), con el objetivo de generar conciencia sobre la prevención de la pérdida auditiva y promover el cuidado de los oídos en todas las edades. Las cifras son contundentes: se estima que el 20 % de la población vive con algún grado de pérdida auditiva y que el 5 % presenta una discapacidad auditiva significativa. Para 2050, podrían ser 900 millones de personas las afectadas, es decir, una de cada diez no oirá bien.
La contaminación sonora no solo afecta la capacidad de oír. También impacta en la salud general: eleva el estrés, provoca fatiga, altera el sueño y puede aumentar la presión arterial. Según la OMS, los sonidos recomendables no deberían superar los 50 decibeles (dB). Durante la noche, se aconseja no exponerse a más de 55 dB. Sin embargo, ruidos de 60 a 65 dB ya resultan molestos, y por encima de los 70 dB se consideran peligrosos, especialmente si la exposición es prolongada.
Grandes ciudades como Buenos Aires (donde en amplias zonas se alcanzan los 80 dB), Nueva York, Madrid, Tokio, Nueva Delhi y Shanghái figuran entre las más ruidosas del mundo. El tránsito, las obras y las aglomeraciones urbanas contribuyen a este escenario.
Las causas más frecuentes de pérdida auditiva incluyen la exposición a música alta y auriculares, la pirotecnia sonora, infecciones como la otitis media crónica, medicamentos ototóxicos, factores genéticos y el envejecimiento. La hipoacusia ocupa el tercer lugar entre las enfermedades que generan años de vida con discapacidad.
El lema de este año, “De las comunidades a las aulas: cuidado de la audición para todos los niños”, pone el foco en la infancia.
En los más pequeños, la falta de respuesta a sonidos o retrasos en el lenguaje pueden ser señales de alerta.
Los estudios audiológicos son fundamentales para un diagnóstico adecuado, que puede incluir tratamientos con audífonos o incluso implantes cocleares.
En adolescentes, el uso prolongado de auriculares a alto volumen es una preocupación creciente.
Se recomienda utilizarlos a un nivel moderado por no más de media a una hora diaria. Es importante elegir modelos ergonómicos, mantenerlos limpios, no compartirlos y reemplazar sus almohadillas con el tiempo.
En los adultos mayores, la pérdida auditiva relacionada con la edad suele comenzar entre los 60 y 65 años, con una disminución aproximada de 1 dB por año. Esto afecta la comunicación y puede derivar en aislamiento, depresión y baja autoestima.
Pedir que repitan frases, subir el volumen del televisor o percibir zumbidos son señales frecuentes.
Los especialistas recuerdan que la audición no se regenera: el daño es permanente. Por eso, prevenir es clave. Cuidar los oídos no solo protege la capacidad de escuchar, sino también el lenguaje, los vínculos y la calidad de vida.
Con información de Infobae.
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