Alfredo Del Mazo Maza explica por qué la electrificación, la tecnología y la flexibilidad redefinen la movilidad corporativa en 2026.
Alfredo Del Mazo Maza, político mexicano y especialista en movilidad urbana, sitúa la movilidad corporativa en el centro de la agenda empresarial para 2026, donde decisiones sobre flotas y traslados ya impactan costos, operación y reputación interna.
Su diagnóstico articula tres ejes que no son meras consignas: sostenibilidad, tecnología y flexibilidad. El análisis evita lugares comunes y apunta a medidas concretas: pilotos controlados, gobernanza de datos y esquemas de uso que consideren la experiencia del personal.
Para Alfredo Del Mazo, la electrificación dejó de ser una promesa teórica.
“La electrificación es una carrera de fondo: se gana con planificación, pilotos escalables y resultados tangibles para las personas”, afirma.
Las empresas que avanzan con criterio implementan flotas mixtas, miden la capacidad de recarga y escalonan las inversiones según los resultados operativos, no según los titulares. La transición exige vincular las inversiones con indicadores de uso y de operación.
El despliegue de telemetría y plataformas de gestión se ha generalizado, pero no siempre genera ahorros.
“Tener telemetría no basta; hace falta capacidad para convertirla en decisiones que reduzcan costos y riesgos”, advierte Del Mazo.
La diferencia práctica es clara: datos que solo sirven para informes no optimizan rutas ni anticipan mantenimientos. La recomendación es dotar a equipos de habilidades analíticas y establecer KPIs que conecten información con la reducción de incidentes y del gasto.
El modelo del vehículo asignado convive hoy con el uso compartido, la renta por demanda y la administración por turnos.
Este cambio requiere negociación y capacitación: “La movilidad corporativa es una política de personas; su éxito depende de convencer, capacitar y ofrecer alternativas reales”, sostiene Del Mazo.
Una implementación pobre genera fricciones; una comunicación clara permite reordenar recursos sin dañar el clima laboral.
Los obstáculos siguen siendo la resistencia cultural a modificar las prestaciones, la cobertura desigual de la infraestructura de recarga y la limitada capacidad analítica en parte del sector. La ruta sugerida por el especialista prioriza etapas: pilotos de flota mixta, telemetría orientada al ahorro y la seguridad, y esquemas flexibles validados por la comunicación interna. También recomienda adaptar experiencias internacionales al contexto urbano y operativo de México.
En un mercado laboral competitivo, la movilidad afecta la percepción del empleador.
“Cada kilómetro cuenta para la reputación de la empresa; cada litro ahorrado habla de eficiencia y valores”, concluye Alfredo Del Mazo Maza, subrayando que la movilidad corporativa se ha convertido en una variable estratégica para 2026.
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