La transformación digital del sector salud ha mejorado numerosos procesos clínicos, pero también ha incrementado la exposición a un fallo informático que puede afectar directamente la atención de los pacientes. La creciente complejidad de la infraestructura tecnológica obliga a hospitales y fabricantes de dispositivos médicos a reforzar la supervisión de sus sistemas para reducir riesgos operativos y de ciberseguridad.
Jonathan Dedman, director de Cloudhouse, advierte que la mayoría de las organizaciones sanitarias administra entornos tecnológicos altamente complejos donde pequeños cambios de configuración pueden pasar inadvertidos y convertirse en una amenaza. Durante el último año, el 93% de las organizaciones de salud sufrió al menos un ciberataque y cada incidente generó un costo promedio cercano a 3.9 millones de dólares.
Fallo informático aumenta los desafíos para el sector salud
Uno de los principales riesgos es la denominada «deriva de configuración», un fenómeno que ocurre cuando los sistemas se alejan gradualmente de su configuración aprobada debido a cambios no documentados. Estas modificaciones pueden provocar interrupciones operativas, retrasar auditorías regulatorias e incluso afectar la disponibilidad de suministros médicos esenciales.
Además, las nuevas regulaciones de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) y el Reglamento Europeo de Dispositivos Médicos (MDR) exigen una supervisión continua de la infraestructura tecnológica durante todo el ciclo de vida de los dispositivos conectados.
La gestión tecnológica será clave para cumplir la regulación
El análisis señala que las organizaciones deben contar con herramientas capaces de detectar automáticamente cualquier modificación en tiempo real, generar registros listos para auditorías y facilitar la identificación del origen de incidentes tecnológicos.
La interrupción de sistemas informáticos representa uno de los mayores riesgos para el sector. Según el reporte, una hora de inactividad en servicios de salud puede generar pérdidas de entre uno y dos millones de dólares, además de comprometer la atención médica. Por ello, fortalecer la gestión del cambio y la visibilidad de la infraestructura tecnológica será un elemento esencial para proteger tanto a las organizaciones como a los pacientes.


















