Categorías: Ciencia

Crisis en la ciencia mexicana: 3 de cada 4 investigadores no tienen empleo y miles emigran

En México, dedicarte a la ciencia ya no garantiza tener un futuro estable.

A pesar de dedicar más de 20 años a la formación académica, el 75% de quienes cursan un doctorado o posdoctorado no logra conseguir empleo, y muchos terminan abandonando la investigación o incluso el país.

La crisis laboral en la ciencia mexicana ha llegado a un punto crítico.

En 2024, más de 12 mil especialistas con doctorado emigraron en busca de mejores oportunidades, según datos del entonces Conahcyt (hoy Secretaría de Ciencia).

Mientras tanto, dentro de las universidades e institutos públicos, las plazas se reducen cada año, y en el sector privado los consideran “sobrecalificados”.

“Llevo dos años buscando trabajo. Estoy sobrecalificada o ya me pasé de la edad”, cuenta una doctora en ciencias biomédicas.

Frente a esta realidad, un grupo de 150 investigadores formó el Colectivo de Investigadores por la Justicia Académica y Laboral (CIJAL) para exigir soluciones.

Muchos viven con becas temporales, sin prestaciones ni estabilidad, y dependen de programas como Investigadores por México, que apenas cubre al 48% de los posdoctorantes.

El problema es estructural: cada año se otorgan más becas, pero no se crean suficientes empleos. El resultado es un ciclo de incertidumbre y frustración.

“Hay un dilema: se forman más doctores, pero no hay espacios para integrarlos al sistema productivo”, explica un economista del colectivo.

Además, la falta de renovación de plazas por jubilaciones lentas o recortes presupuestales, agrava la situación.

Algunas convocatorias incluso excluyen a mayores de 40 años, algo absurdo si se considera el largo camino académico que recorren estos profesionales.

Muchos investigadores terminan dando clases por hora, trabajando en empleos no relacionados o migrando al extranjero.

Algunos venden por internet o conducen Uber para sobrevivir.

Claudia Sheinbaum y el apoyo a la ciencia en México

México invierte menos del 1% del PIB en ciencia, muy por debajo de lo recomendado por organismos internacionales.

Aunque la presidenta Claudia Sheinbaum ha prometido aumentar esa cifra, el daño ya es profundo: el país forma científicos de alto nivel que luego no puede retener.

“El Estado invierte en nosotros, pero luego no aprovecha nuestro conocimiento”, lamenta una integrante del colectivo.

Mientras tanto, la “fuga de cerebros” continúa, y con ella se va también una parte del futuro de la ciencia en México.

Porque detrás de cada investigador que se marcha, hay años de esfuerzo, becas públicas y talento que el país no supo aprovechar.

Con información de Expansión política.

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