imagen tomada de lanacion.com.ar
Steve Jobs nunca fue famoso por medir sus palabras, y una charla en el MIT lo demostró a la perfección.
En 1992, durante su etapa en NeXT, fue invitado a dar una conferencia para inspirar a estudiantes… pero terminó dejando a cientos de consultores con la boca abierta.
Jobs aprovechó el escenario para compartir su opinión bastante directa sobre el mundo de la consultoría.
Según él, los consultores viven en una especie de burbuja teórica: “Pueden mirar las frutas, escribir informes sobre ellas… pero nunca llegan a saborearlas”.
Su metáfora fue tan clara como incómoda.
El cofundador de Apple explicó que la verdadera experiencia se gana asumiendo riesgos, cometiendo errores y aprendiendo de ellos, no solo observando desde fuera.
“Al no ser dueño de algo durante un largo periodo, uno aprende solo una fracción de lo que podría. No se tiene la oportunidad de responsabilizarse”, dijo ante la audiencia.
Su crítica no era un ataque gratuito, sino una invitación.
Jobs quería motivar a los futuros líderes del MIT a involucrarse de verdad en los proyectos, a dejar de ser espectadores y convertirse en creadores.
Si no encontraban ese propósito dentro de una empresa, los animó a fundar la suya propia.
Esa filosofía, la de comprometerse hasta con el más mínimo detalle, fue la misma que aplicó en Apple, desde el diseño de los productos hasta el empaque. Para Jobs, nada era demasiado pequeño como para no importar.
Al final, su mensaje fue claro: el cambio no viene de quienes observan, sino de quienes se ensucian las manos.
Y aunque su comentario pudo haber incomodado a más de uno, su lección sigue siendo tan vigente hoy como en 1992.
Con información de Applesfera.
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