con imágenes tomadas de nationalgeographic.com
Mientras un ser humano moriría en segundos al quedar expuesto al vacío del espacio, un pequeño musgo llamado Physcomitrium patens decidió no solo sobrevivir, sino regresar a la Tierra con ganas de reproducirse.
Así lo demuestra un estudio liderado por Tomochi Fujita, investigador de biología evolutiva en la Universidad de Hokkaido, quien lleva años poniendo a prueba los límites de estas plantas diminutas pero casi indestructibles.
Fujita está obsesionado con entender cómo los musgos han logrado sobrevivir a todas las extinciones masivas de los últimos 500 millones de años.
Para ello, somete a sus muestras a condiciones que serían una sentencia de muerte para casi cualquier organismo: calor extremo, frío de -196 °C, radiación intensa y vacío casi absoluto.
Pero ninguna prueba fue tan ambiciosa como la última: enviar esporas de musgo a la Estación Espacial Internacional (EEI) y dejarlas expuestas directamente al vacío y la radiación espacial durante meses.
En marzo de 2022, células de Physcomitrium patens viajaron a bordo de la nave Cygnus-NG17 rumbo a la EEI.
Una vez allí, los astronautas adhirieron los esporofitos (pequeñas estructuras encapsuladas que contienen esporas), al exterior de la estación.
La apuesta era arriesgada: “Esperábamos que la supervivencia fuera casi nula”, confesó Fujita.
Pero 283 días después, al revisar las muestras, el resultado fue sorprendente: alrededor del 80% de los esporofitos seguían vivos.
Y había más buenas noticias. De los que sobrevivieron, el 89% se reprodujo sin ningún problema una vez recuperaron condiciones normales.
Todo esto llevó al laboratorio a calcular un dato aún más impresionante: en teoría, estas esporas podrían sobrevivir hasta 15 años en el espacio.
Meses previos al experimento, Fujita ya había probado tres tipos de estructuras del musgo:
Protenemata, equivalente al “musgo juvenil”.
Células madre especializadas, que surgen en condiciones extremas.
Esporofitos, las cápsulas que contienen las esporas.
Las dos primeras estructuras no resistieron bien las pruebas previas.
Pero los esporofitos demostraron ser casi indestructibles: soportaron temperaturas superiores a 55 °C por semanas, -196 °C por días y radiación intensa sin perder funcionalidad.
Solo organismos tan resistentes como los tardígrados muestran una supervivencia comparable.
El experimento no solo revela los límites de estos organismos; también abre la puerta a futuras aplicaciones espaciales.
Según Fujita, entender la resistencia de los esporofitos podría ser clave para diseñar ecosistemas autosostenibles en Marte o en la Luna.
“Este estudio demuestra la asombrosa capacidad de resistencia de la vida que se ha originado en la Tierra”, aseguró el investigador.
Y confía en que sus trabajos sirvan como base para futuros proyectos que lleven musgo; sí, musgo a otros planetas.
Porque después de sobrevivir nueve meses en el espacio, estas diminutas cápsulas verdes ya demostraron que están listas para lo que venga, incluso para colonizar otros mundos.
Con información de National Geoagraphic.
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