«Dentro de diez años, la mayoría de las tareas humanas podrán ser realizadas por inteligencia artificial”, dijo Bill Gates.
Pero detrás de esa frase hay más que una provocación: hay una visión, inquietante y prometedora a partes iguales, de un mundo en transformación radical. Para Gates, la IA no es un simple avance tecnológico, sino el siguiente gran paso de la revolución digital que él mismo ayudó a iniciar.
Si en los años 80 puso un ordenador en cada escritorio, hoy vaticina una inteligencia ubicua, invisible y gratuita, dispuesta a infiltrarse en todas las capas de la vida humana.
“La inteligencia será completamente libre”, afirmó, anticipando un horizonte donde la escasez de expertos —médicos brillantes, maestros extraordinarios— se verá sustituida por sistemas automatizados capaces de ofrecer diagnósticos y tutorías al alcance de todos.
La idea de una “inteligencia gratuita” —entendida como el acceso universal a capacidades cognitivas antes reservadas a los más capacitados— suena seductora. Pero Gates no oculta su inquietud: “Es algo muy profundo e incluso un poco aterrador… porque está ocurriendo muy rápido, y no hay un límite superior”, confesó durante su charla en Harvard.
Esta velocidad, que no espera por nadie, plantea una pregunta que sigue sin respuesta: ¿qué lugar ocupará el ser humano en un mundo dominado por inteligencias artificiales?
Fuente: nationalgeographic.com.es
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