Los humanos están llenando de basura espacial a Marte: NASA

Marte basura

La exploración espacial genera euforia. Es casi natural: cuando llega información sobre nuevos hallazgos en otros planetas, o las imágenes más recientes del Telescopio James Webb, la reacción inmediata es ver de qué se trata. Aunque el avance de la ciencia depende de que mandemos dispositivos a otros mundos, esta actividad humana ya está dejando basura sobre la superficie de Marte.

A los astrónomos les preocupa que los desechos que se han acumulado sobre la superficie marciana se entrometan con investigaciones futuras.

Restos de naves espaciales humanas, pedazos de módulos y chatarra quemada no sólo orbitan alrededor de la Tierra. Por el contrario, ya alcanzaron el Planeta Rojo. Éstas pueden ser las consecuencias.

Más contaminación que investigación

La preocupación no es trivial. De hecho, la posibilidad de que los desechos humanos en Marte generen dificultades para misiones espaciales futuras es cada vez más real.

Más que nada, porque recuperar la basura no sólo es costoso, sino que realmente no aporta nada a la investigación científica de otros planetas. Sin más, los investigadores prefieren dejar sus desechos sobre la superficie —posiblemente por varios siglos venideros.

El investigador posdoctoral de United Nations Office for Outer Space Affairs, Cagri Kilich, identifica tres fuentes principales de contaminación humana en la superficie marciana:

  • Hardware descartado
  • Naves espacial inactivas
  • Nave espacial que se estrellaron sobre la superficie

Sobre todo, explica el especialista para The Conversation, porque «»cada misión a la superficie marciana requiere un módulo que proteja la nave espacial». Todo este equipo se queda ahí, sobre el suelo árido del Planeta Rojo, sin que nadie lo recoja. Las piezas de las naves espaciales se quedan desperdigadas sobre la superficie, y generalmente se rompen en pedazos más pequeños.

Así sucedió con Perseverance, el rover que protagoniza la misión Mars 2020 de la NASA. Hasta ahora, después de un año de haber aterrizado, el dispositivo sólo ha encontrado silencio sobre nuestro planeta vecino. Aún así, explica Kilich, «estos pequeños pedazos pueden volar debido a los vientos marcianos». Y la contaminación se propaga.

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