Los parásitos —los organismos que obtienen su sustento de otros organismos vivos— han sido históricamente asociados con enfermedades y cuentan con pocos defensores pese a estar seriamente amenazados.
Esta mala prensa se debe, en parte, a que «la experiencia que la mayoría de la gente tiene con los parásitos es por haberlos tenido dentro de su cuerpo, ellos mismos o un miembro de su familia, un ser querido, o una mascota», le dice a BBC Mundo Chelsea Wood, experta en ecología de los parásitos de la Universidad de Washington, en Estados Unidos.
Wood, coautora de un estudio que incluye un detallado plan para conservar a estas diminutas criaturas, añade que «no son las cosas más placenteras de tener dentro de tu cuerpo, por eso es lógico que la gente los odie».
«Pero, en realidad, tenemos mucha menos experiencia en torno a ellos en el lugar donde son más comunes y más diversos: en la vida silvestre, que es donde realmente cumplen funciones muy importantes».
De hecho, solo un 4% de los parásitos conocidos puede infectar a los seres humanos.
Los servicios que prestan, en cambio, son invaluables. Entre ellos, que al igual que los depredadores mantienen controlada la abundancia de la población de su anfitrión.
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