imagen tomada de letsfamily.es
El uso de pantallas en la primera infancia es un tema cada vez más presente en los hogares, y especialistas de la UNAM han puesto sobre la mesa sus efectos menos visibles. Investigadores en Psicología y Ciencias Biomédicas coinciden en que la exposición excesiva a dispositivos electrónicos puede afectar el desarrollo motor, cognitivo, lingüístico y socioemocional de los niños.
Desde la Facultad de Estudios Superiores Zaragoza, el académico Alan Alexis Mercado Ruiz explicó que la tecnología no debe verse como un enemigo.
El problema, dijo, aparece cuando las pantallas sustituyen experiencias clave como el movimiento, el juego y la interacción social.
“La tecnología no es inherentemente negativa. Su impacto depende del acompañamiento y la intención con la que se use”, señaló el doctor en Psicología de la Educación y el Desarrollo.
Uno de los principales riesgos es la falta de desarrollo de la motricidad gruesa.
Actividades como correr, brincar, trepar o patear se reducen cuando el tiempo frente a la tableta o el celular aumenta.
A esto se suma el impacto en el lenguaje, ya que existen etapas críticas en los primeros años de vida en las que el habla debe estimularse de forma adecuada.
Mercado Ruiz explicó que el uso de pantallas suele ser un estímulo unidireccional, sin retroalimentación emocional ni verbal, lo que limita el desarrollo del lenguaje. La ausencia de interacción directa impide que los niños reciban respuestas que fortalezcan su comunicación y comprensión emocional.
Desde la neurociencia, Gabriel Gutiérrez Ospina, investigador del Instituto de Investigaciones Biomédicas, advirtió que las pantallas también reducen la interacción social, un elemento esencial en el desarrollo temprano. Subrayó que la relación con el entorno natural y social es clave para que los niños aprendan a reconocer patrones de conducta, jerarquías y habilidades necesarias para la vida.
El especialista añadió que el juego es una herramienta fundamental para la socialización. Cuando la interacción se limita a una pantalla, este aprendizaje se ve comprometido.
“Se erosiona el contexto que permite interactuar con el mundo físico y social, y se subdesarrollan habilidades básicas”, afirmó.
Otro punto de alerta es el tipo de contenido. Mercado Ruiz puso como ejemplo plataformas como TikTok, donde predominan videos cortos y rápidos.
Una alta exposición, explicó, puede afectar la atención y la capacidad de retención, ya que el cerebro se acostumbra a recibir información inmediata y le cuesta concentrarse por periodos prolongados.
Ante este panorama, los especialistas coinciden en que la solución no es prohibir, sino promover una alfabetización digital en casa.
El objetivo es reducir la dependencia de las pantallas y fomentar un uso consciente, acompañado y equilibrado, sin generar conflictos familiares.
Con información de Informador.mx
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