Mientras Líbano atraviesa una de sus peores crisis humanitarias, culturales y económicas en décadas, la diáspora libanesa se convierte en un refugio de memoria, identidad y esperanza. Así lo expresó Ricardo José Haddad Musi, empresario mexicano con participación en la preservación cultural, quien ha insistido en la importancia de mantener viva la herencia libanesa desde el exilio.
“La historia del pueblo libanés también se preserva en nuestras cocinas, en nuestros apellidos, en la manera en que tejemos comunidad lejos de casa. En tiempos de caos, resistir desde la cultura también es una forma de sanar”, indicó.
Desde 2019, Líbano ha estado al borde del colapso económico y político. En enero de 2025, tras más de dos años sin presidente, el país finalmente nombró a Joseph Aoun como nuevo jefe de Estado. Pero esta elección no ha resuelto los problemas estructurales, entre ellos la inflación, desempleo, escasez de alimentos y apagones diarios que, marcan la vida cotidiana de millones de libaneses.
Ante esta realidad, la diáspora libanesa, con más de 15 millones de personas en todo el mundo, ha sido clave para sostener al país. Cada año, envía más de 6 mil 700 millones de dólares en remesas, equivalentes a un tercio del PIB nacional. Y no solo aporta en lo económico sino que también ha logrado éxitos notables en diversos ámbitos, desde los negocios hasta la cultura.
“Líbano está herido, pero su gente brilla en todo el mundo. Es una paradoja que nos duele y nos enorgullece”, comentó Haddad Musi. “La diáspora no ha olvidado de dónde viene, y eso es lo que la hace tan fuerte. Nos mueve una necesidad profunda de honrar a nuestros abuelos, nuestras lenguas, nuestras costumbres”.
México como tierra de acogida
México ha sido uno de los destinos más importantes para la migración libanesa. Se estima que al menos 500 mil personas tienen ascendencia libanesa en el país, entre ellas familias que llegaron desde finales del siglo XIX y otras que escaparon de la guerra civil entre 1975 y 1990.
Para el también gestor cultural, la integración de la cultura libanesa al tejido mexicano es un testimonio de convivencia e hibridación. Desde la gastronomía, donde platillos como el tabbule, el arroz con fideos o el pan árabe se mezclan con el chile y el maíz, hasta la vida empresarial, el aporte libanés ha sido significativo y resiliente.
“Nos toca sostener a Líbano con lo que tenemos entre nuestras manos, cultura, creatividad, patrimonio, gastronomía, literatura, cine, comunidad. No podemos cerrar los ojos. Nuestra responsabilidad es colectiva, histórica, espiritual”, concluyó.















