Durante décadas, el arsénico ha sido visto únicamente como un enemigo silencioso del agua potable. Presente de forma natural en acuíferos y asociado a residuos de minas de oro y cobre, este elemento ha sido un problema constante para la salud y el medioambiente. Ahora, una investigación científica propone un giro inesperado: aprovechar ese desecho peligroso para crear materiales útiles en la industria tecnológica.
El principal reto no ha sido solo retirar el arsénico del agua, algo que se logra con tratamientos convencionales, sino qué hacer después. Al eliminarlo, se generan lodos altamente tóxicos que deben almacenarse durante años, con altos costos y riesgos. Justo ahí es donde entra esta nueva solución.
Arsénico metálico: un nuevo uso para un viejo problema
El estudio, publicado en la revista Science Advances, fue realizado por investigadores del Servicio Geológico de Dinamarca y Groenlandia. En él se describe un proceso químico capaz de transformar los lodos con arsénico en arsénico metálico, una materia prima cada vez más demandada para fabricar semiconductores, baterías avanzadas y otras tecnologías ligadas a la transición energética.
Case van Genuchten, autor principal del trabajo, recuerda que el arsénico ha sido conocido históricamente como “el Rey de los Venenos”. Sin embargo, en los últimos años varios países lo han incluido en sus listas de materiales críticos debido a su importancia tecnológica. La clave está en controlarlo y reutilizarlo, en lugar de dejarlo acumulado como residuo peligroso.
De lodo tóxico a material clave para la transición verde
El método desarrollado no produce un arsénico común. En lugar de una estructura cristalina tradicional, los científicos obtuvieron una forma amorfa, con propiedades físicas y electrónicas distintas. Este detalle es fundamental, ya que amplía sus posibles aplicaciones en dispositivos electrónicos y sistemas de almacenamiento de energía.
Para analizar el material a fondo, el equipo utilizó las instalaciones de la Canadian Light Source, en la Universidad de Saskatchewan. Gracias a estudios a nivel atómico, confirmaron que el arsénico obtenido a partir de residuos conserva las características necesarias para su uso industrial.
Los investigadores subrayan que el arsénico sigue siendo peligroso, pero su propuesta permite sacarlo del medioambiente, controlarlo mejor y darle un uso seguro y valioso. El siguiente paso será probar el proceso en plantas reales de tratamiento de agua.
El objetivo es claro: convertir un residuo costoso y problemático en un recurso con valor. Este avance refuerza una idea central de la economía circular: incluso los desechos más complicados pueden ser parte de la solución cuando la ciencia y la tecnología se ponen en juego.
Con información de National Geographic.














