Las matemáticas que hoy permiten desarrollar algoritmos, proteger información digital o estudiar el universo son resultado de siglos de intercambio entre diferentes culturas. El investigador de la UNAM Aubin Arroyo Camacho destacó que los aportes realizados en el mundo árabe e islámico son indispensables para comprender la evolución de esta ciencia.
La reflexión surge después de que la Junta de Educación del Estado de Texas aprobara cambios curriculares que eliminan la obligación de enseñar las contribuciones musulmanas al álgebra y la astronomía. La modificación, aprobada inicialmente en abril y mantenida durante una revisión en agosto, comenzaría a aplicarse durante el ciclo escolar 2030-2031.
Un conocimiento que transformó las matemáticas
Arroyo Camacho, investigador del Instituto de Matemáticas de la UNAM y miembro fundador del Museo Virtual de las Matemáticas, recordó que esta disciplina es una construcción colectiva. Entre las aportaciones históricas destacó la trigonometría y el desarrollo del álgebra, conocimientos que posteriormente se extendieron hacia otras regiones.
Uno de los personajes fundamentales fue el matemático persa Muhammad ibn Musa Al Khwarizmi, quien vivió aproximadamente entre los años 780 y 850. Sus trabajos contribuyeron al desarrollo del álgebra, las ecuaciones y el sistema decimal. Material educativo de la propia UNAM también reconoce su papel en el perfeccionamiento de métodos matemáticos procedentes de otras culturas.
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Del álgebra a los algoritmos actuales
El legado de aquellos conocimientos continúa presente en herramientas modernas. El álgebra resulta esencial para áreas como astronomía, economía y ciberseguridad, mientras que los algoritmos forman parte del funcionamiento de plataformas digitales y numerosos sistemas computacionales.
La historia también muestra que los estudiosos del mundo islámico recopilaron, tradujeron y ampliaron conocimientos procedentes de culturas griegas, hindúes y mesopotámicas. Parte de esas obras llegó posteriormente a Europa y tuvo una influencia significativa en el desarrollo científico medieval.
Reconocer estos intercambios permite entender que muchos avances tecnológicos actuales tienen raíces mucho más antiguas de lo que parece. La ciencia moderna no surgió de una sola cultura, sino de conocimientos acumulados y compartidos durante siglos.
















