Cultivar frutas en uno de los lugares más secos del planeta podría convertirse en una nueva realidad para Chile. Una iniciativa agrícola busca aprovechar la tecnología de desalinización para producir arándanos en el desierto de Atacama, una región donde la escasez de agua representa uno de los mayores desafíos para la agricultura.
El proyecto es impulsado por la Sociedad Nacional de Agricultura (SNA) y pretende transformar terrenos áridos en espacios productivos. Además de ampliar las posibilidades agrícolas, la propuesta busca generar empleos y explorar nuevas alternativas para utilizar el agua en zonas con condiciones climáticas extremas.
Arándanos en el desierto gracias al agua de mar
La iniciativa contempla una primera etapa de 200 hectáreas destinadas al cultivo de arándanos en macetas, utilizando agua de mar previamente desalinizada. Los terrenos se encuentran cerca de la comuna de Caldera, en el norte de Chile.
El plan podría ampliarse hasta 450 hectáreas y requeriría una inversión estimada de entre 25 y 30 millones de dólares. Sus impulsores calculan que, de concretarse, podría generar alrededor de 3,000 empleos durante la temporada de cosecha.
La propuesta toma como referencia experiencias agrícolas desarrolladas en Perú, donde los sistemas de irrigación han permitido cultivar frutas en regiones áridas; Sin embargo, el principal obstáculo es el costo de producir y transportar agua desalinizada, un factor que determinará la viabilidad económica del proyecto.
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El desafío de producir alimentos sin agotar los recursos
El proyecto plantea nuevas oportunidades para la agricultura en territorios donde las fuentes tradicionales de agua son limitadas; No obstante, utilizar agua desalinizada también requiere evaluar el consumo energético, la gestión de la salmuera y los posibles efectos sobre los ecosistemas costeros.
Por ello, el éxito de la iniciativa no dependerá únicamente de conseguir buenas cosechas, sino también de demostrar que su operación puede mantenerse sin generar impactos ambientales desproporcionados.
Chile todavía analiza las condiciones financieras necesarias para poner en marcha el plan piloto. Su desarrollo podría aportar información valiosa sobre las posibilidades y limitaciones de producir alimentos en ambientes extremadamente secos.


















