imagen tomada de agenciasinc.es
El 14 de septiembre de 2015 parecía un lunes cualquiera, pero la ciencia vivió un antes y un después para la astronomía. Ese día, los detectores LIGO en Estados Unidos captaron por primera vez ondas gravitacionales.
Lo que confirmó un fenómeno predicho por Albert Einstein un siglo antes.
La señal, brevísima (apenas dos décimas de segundo), fue producto de la colisión de dos agujeros negros a 1,300 millones de años luz.
Con ella nació una nueva manera de estudiar el universo.
Einstein había anticipado estas ondulaciones en el espacio-tiempo en su teoría de la relatividad general, pero jamás supo si podrían detectarse.
Cien años después, la física confirmó su intuición: las ondas gravitacionales existen y podemos medirlas gracias a interferómetros láser tan sensibles que detectan variaciones menores al tamaño de un protón.
La primera señal, llamada GW150914, fue tan contundente que tras meses de análisis la comunidad científica celebró un logro histórico.
En 2017, Rainer Weiss, Kip Thorne y Barry Barish recibieron el Premio Nobel de Física por hacerlo posible, reconociendo además a cientos de investigadores que durante décadas trabajaron en esta búsqueda.
Desde entonces, el campo ha crecido de manera impresionante.
Hoy se han registrado cientos de señales, principalmente fusiones de agujeros negros y estrellas de neutrones.
El caso más célebre fue en 2017, cuando un mismo fenómeno pudo observarse en ondas gravitacionales, luz y rayos gamma.
Así nació la astronomía multimensajero, que permite mirar y escuchar el cosmos al mismo tiempo.
El futuro de las ondas gravitacionales es aún más prometedor.
Proyectos como LISA (una misión espacial) y detectores terrestres de nueva generación buscarán señales más lejanas y débiles, permitiéndonos estudiar desde agujeros negros supermasivos hasta los primeros instantes del universo.
A una década de su primera detección, las ondas gravitacionales han abierto una ventana inédita al cosmos.
Y lo mejor es que la historia apenas comienza: el universo tiene mucho más que contarnos, y ahora sabemos cómo escucharlo.
Con información de The conversation.
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