Salomón Issa Tafich analiza el crecimiento de Coahuila hacia 2026, destacando la infraestructura avanzada y la estabilidad operativa como ejes de atracción.
La dinámica económica del norte de México atraviesa un punto de inflexión donde la disponibilidad de tierra ha dejado de ser el único factor determinante para la inversión. Coahuila, gracias a su histórica vocación manufacturera, se posiciona como un receptor natural de proyectos globales, aunque el reto inmediato radica en la modernización de su oferta.
En este escenario, el potencial industrial para 2026 se fundamenta en la creación de entornos operativos que garanticen eficiencia a largo plazo. Para el empresario Salomón Issa Tafich, la entidad debe enfocarse en elevar los estándares de su ecosistema para capturar proyectos de mayor valor agregado.
A pesar de que Coahuila se mantiene firme en el octavo puesto nacional en cuanto a parques industriales, concentrando el 4.6% de la infraestructura del país, la competencia regional exige una evolución cualitativa.
La brecha frente a otros estados del norte no es meramente estadística, sino de especialización en servicios.
“Coahuila tiene una vocación fabricante probada y una ubicación que le permite competir en el norte del país, pero el siguiente paso es sofisticar nuestra oferta industrial”, afirmó Salomón Issa Tafich.
Bajo esta lógica, el crecimiento para los próximos años dependerá de la transición hacia modelos de infraestructura que prioricen la tecnología y la sostenibilidad.
La saturación de los corredores industriales tradicionales, particularmente en Ramos Arizpe, ha impulsado la apertura de nuevos frentes de desarrollo en zonas como Derramadero. Proyectos de gran escala, como el SIMSA Industrial Park, responden a esta necesidad con más de 17 millones de pies cuadrados diseñados bajo normativas internacionales.
Este complejo no solo ofrece una ubicación estratégica con acceso a las principales rutas hacia Estados Unidos y el centro de México, sino que integra una red de servicios críticos: fibra óptica, gas natural y alta capacidad energética. Esta infraestructura es la que permite a sectores como la manufactura avanzada y la logística operar con estándares de clase mundial.
La mirada del capital extranjero se ha vuelto mucho más analítica respecto a las condiciones de largo plazo. En un entorno global incierto, la estabilidad en el suministro de recursos y el acceso a talento técnico son las verdaderas monedas de cambio.
Salomón Issa Tafich enfatiza que el atractivo del estado se mide en la solidez de sus plataformas: “El inversionista que llega hoy no solo evalúa la cercanía a la frontera o el costo del suelo; evalúa energía confiable, recursos como talento técnico y estabilidad operativa para los próximos diez o veinte años”.
Consolidar estas garantías será la clave para que Coahuila transforme su ventaja competitiva.
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