Una investigadora argentina encontró en un microorganismo una posible herramienta contra la contaminación plástica. María Victoria Valerga Fernández estudia un hongo Aspergillus capaz de colonizar y degradar determinados materiales en condiciones controladas.
La bióloga desarrolla su doctorado en la Universidad de Buenos Aires con una beca del Conicet. Su trabajo analiza cómo los microplásticos pueden transportar metales pesados y afectar suelos, cultivos y hongos asociados con las raíces.
Un hongo que degrada bioplásticos
El microorganismo libera enzimas y ácidos fuera de sus células. Estas sustancias rompen moléculas grandes y generan fragmentos pequeños que el hongo puede absorber como fuente de energía.
Además, sus filamentos penetran el material y producen abrasiones. Este mecanismo combina degradación química y desgaste estructural, aunque su eficacia cambia según el polímero y las condiciones ambientales.
El equipo evaluó un bioplástico comercial compuesto por PLA y PBAT. También examinó una película de polietileno y acetato de vinilo, materiales con respuestas distintas ante el crecimiento fúngico.
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Del laboratorio a los suelos argentinos
Los discos permanecieron seis meses sobre arena estéril, a 25 grados y en oscuridad. La microscopía electrónica mostró agujeros, rugosidad y deterioro notable en el bioplástico. La película convencional presentó crecimiento superficial y algunas penetraciones.
El resultado no significa que el hongo pueda eliminar cualquier microplástico ni que exista una solución lista para aplicarse. Los investigadores todavía deben identificar subproductos y comprobar el proceso fuera del laboratorio.
Valerga Fernández ahora estudia sistemas más complejos con suelos y cultivos hortícolas. Busca comprender la interacción entre plásticos, metales pesados y microorganismos, además de explorar futuras estrategias de biorremediación; El experimento utilizó discos de ocho centímetros dentro de placas de nueve centímetros. Esa escala confirma el carácter inicial del hallazgo y muestra cuánto trabajo falta antes de pensar en aplicaciones ambientales amplias.


















